El cuello de Nerea - Amada de los Dioses

El cuello de Nerea – Amada de los Dioses

El cuello de Nerea

El hombre deslizó la mano hasta el cuello de Nerea y se lo masajeó despacio. La muchacha suspiró y cerró los ojos. La sensación era tan placentera que el nudo que atenazaba su vientre se deshizo como sal en el agua. Él le acercó el rostro; aunque tenía los ojos cerrados, Nerea lo adivinó por el suave soplido de su respiración y por su aliento, en el que un suave aroma a vino se mezclaba con el olor a menta. Después vino el beso. Los labios de él abarcaron totalmente los suyos. Al principio fue una sensación cálida y tierna, y luego húmeda, porque su lengua pedía que Nerea le abriera el reducto de su boca. Besaba mucho mejor que Zósimo, o así le pareció a ella, pues su corazón se había desbocado tanto que no era capaz de escuchar ni pensar otra cosa. Él también empezó a jadear, y cuanto más rápido respiraba más le hundía la lengua en la boca.
Dejó de besarla y se apartó. Nerea abrió los ojos y estuvo a punto de pedirle que siguiera, pero recordó que tan sólo era una esclava y que lo más prudente sería seguir callada.