300 El Origen de un Imperio - Mejores Escenas

300 El Origen de un Imperio – Mejores Escenas

300 El Origen de un Imperio

Frases y vídeos de “300 El Origen de un Imperio”. No te pierdas los mejores momentos de la película.

Un mar de sangre de héroes

Las palabras del oráculo son una advertencia. Una profecía… Esparta caerá. Toda Grecia caerá.
Y el fuego Persa reduce a Atenas a cenizas. Atenas es un motón de piedras, madera, telas y polvo. Y tal que polvo, se perderá en el viento. Sólo existen los atenienses. Y la suerte de todo el mundo depende totalmente de ellos.
Sólo existen los atenienses. Y sólo unos robustos barcos de madera podrán salvarles. Unos barcos de madera, y un mar de sangre de héroes.


Lo atormentaría por siempre

Aun siendo colmado de elogios y gloria, Temístocles sabía que en el fondo había cometido un error. Era el hijo de Darío, Jerjes, quien tenía la fatalidad del destino grabada en la mirada.
Temístocles sabía que debería haber matado a ese joven. Ese glorioso error lo atormentaría por siempre.


Su ferocidad sólo era superada por su belleza

Y así no fue otro, sino Temístocles, quien provocó una onda que se expandiría por todo el imperio Persa. Y desató fuerzas que envolverían en llamas el corazón de Grecia.
Pues mientras el buen rey yacía moribundo, sus más destacados generales y consejeros fueron llamados a su lecho.
Ninguno más destacado que su mejor comandante de la armada: Artemisa. Su ferocidad sólo era superada por su belleza. Su belleza sólo era igualada por su devoción a su rey.


Serás un Dios Rey

– Serás un Dios Rey

Se abandonó a un poder tan malvado y perverso que al emerger, ninguna parte del hombre que fue Jerjes había sobrevivido.
Los ojos resplandecían cual brasas escarlata. Despojado de todo. Limpio, glabro y bruñido, Jerjes se había reencarnado en un Dios.
Artemisa no confiaba en nadie, así que, amparada en la noche. Limpio el palacio de todos los aliados de Jerjes, todos aquellos en los que él confiaba. Todos aquellos que lo habían criado, todos aquellos en los que una vez buscó consejo… no tardaron en conocer su ira.
Y cuando el Dios Rey se presentó ante su pueblo. Artemisia contempló como su impecable manipulación tomaba forma.
– Por el bien de la gloria, por el bien de la venganza… ¡Guerra!


Mi poder divino

Tal vez tenga que entrar en Esparta yo mismo y reducirla a cenizas.
Recuerda cuando un rey es tan querido como yo, los logros pueden ser innumerables.
Serían unos necios si se resistieran a mi poder divino.


Mi corazón es Persa

– ¿Se unirá Esparta a nuestra lucha?
– Al parecer, los persas les han ofrecido algo que no pueden rechazar.
– ¿Y qué es?
– Una bella muerte.

– Dicen que eres el más valiente de nuestros cautivos.
– Dicen que tú eres una puta de los mares del Este.
– Muy listo no eres.
– Vuestra comandante es griega, como yo. Los persas recibís órdenes de una griega.
– Sí, hermano, soy griega de nacimiento. Y sangre griega corre por mis venas, pero mi corazón. . .es persa.


Ha vendido su alma a la mismísima muerte

Según cuentan, violaron y asesinaron a toda su familia. Y luego dirigieron su atención hacia ella.
Tras años encerrada en la bodega de un barco de esclavos griego, la abandonaron y dieron por muerta. Hasta que la halló sin apenas un hálito de vida un emisario persa.
Artemisia juró ese día regresar a Grecia sólo para verla arder en llamas.
Fue alimentada, vestida y adiestrada por los mejores guerreros del Imperio persa. Hasta que no tuvo rival en el manejo de la espada.
El gran rey Darío quedó impresionado por su entrega. Y rápidamente la convirtió en su comandante.
– Ha vendido su alma a la mismísima muerte.


¿Por qué no has empezado por ahí?

– Le gustaría reunirse con TemístocIes.
(- ¿Quién nos garantiza su seguridad?)
– Muchacho, el único honor que le queda es ver toda vuestra flota hecha pedazos y hundida en el fondo del Egeo. Y reconocerte a ti al verte clavado al mástil de tu barco con su espada conforme desciendes a tu tumba en el mar.
– ¿Por qué no has empezado por ahí?


El éxtasis deI acero y de la piel

– Me he pasado toda mi vida adulta con mi único amor verdadero, la flota griega. Y mi única pasión, adiestrarla para ti.
– Vaya, cuánto placer pensar en ti languideciendo por mí, renunciando a Ia familia y al amor por la promesa de un éxtasis más profundo.
El éxtasis deI acero y de la piel, de la muerte y la vida, de la rabia y del sudor del músculo. De la absoluta alegría y la más profunda pena. Muere conmigo cada noche y renace conmigo cada mañana, conforme clavas tu espada en el corazón de nuestros enemigos.
Luchas por la libertad. Yo te la ofrezco, sin consecuencias ni responsabilidades. Únete a mí. Respira junto a mí, como si fuera tu último aliento.


Sabremos lo que es el infierno

Sabremos lo que es el infierno

– Y bien, ¿qué has averiguado? ¿Podemos vencer a Artemisa?
– La próxima vez que nos enfrentemos a ella, sabremos lo que es el infierno.


¡Abandonad eI barco!

¡Abandonad eI barco!


Atacaré a los griegos… con toda mi armada

– ¿Cómo osas aconsejarme en asuntos de guerra?
– Yo soy el Dios-Rey. Yo soy el que ha vencido a Leónidas. Yo soy el que ha hecho añicos la joya de Atenas. Yo soy tu rey.
– Matar a Leónidas y a sus hombres sólo los ha convertido en mártires. Y al arrasar Atenas, has incendiado lo único que tenía valor en este país.
– Atacaré a los griegos… con toda mi armada.
– Artemisia. ¡Basta!


Yo llegaré a ella

– Sin el mando de Artemisia, la armada persa no vale nada.
– Jamás podremos llegar a ella.
– Yo llegaré a ella. Y pondré fin a esto.
– No habrá lugar para la retirada.
– Lo sé.

“Hoy los últimos barcos griegos serán destruidos. No les mostréis piedad. No les deis cuartel. Hoy bailaremos sobre las espaldas de los cadáveres griegos. Hoy obtendremos su sumisión. Hoy quiero sentir la garganta de Temístocles bajo mis botas.”


Luchas mucho mejor que folIas

Luchas mucho mejor que folIas… Ríndete ante mí. O halla la muerte.


Un viento de libertad

Un viento, hermanos, de sacrificio. Un viento de libertad. Un viento de justicia. Un viento de venganza.

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